¿Por qué vale la pena invertir en una buena crema?

 

Cada tarro encierra años de investigación, incontables fórmulas, ingredientes valiosos o pruebas de alergia. Biólogos, químicos, dermatólogos, ingenieros y farmacéuticos dedican horas para conseguir que ese cosmético sea efectivo y seguro para la piel. Que se extienda bien, huela exquisito e hidrate sin dejar brillos…es otro factor relevante.

Te contamos lo que va de una firma acreditada a una marca blanca:

Nadie cuestiona el precio de un cotizado vino, ni cae en la disparatada comparación con otro envasado en tetrabrik. Sin embargo, con la cosmética no ocurre lo mismo. Hay quien considera que no es necesario gastarse mucho dinero en un producto para cuidar la piel.

Igual que en el mundo del vino existen distintas calidades y categorías de caldos que determinan la diferencia de precios, en la industria de la cosmética, también. Desde los productos de marcas blancas, a los más exclusivos y lujosos que se venden en canales selectivos como las perfumerías.

Aquí viene la pregunta del millón: Para la piel, ¿es igual un cosmético de tres euros que otro de cien? Vamos a tratar de desvelar las razones por las que una crema vale lo que cuesta.

Inversiones millonarias en I+D

Antes de que salga al mercado un nuevo producto, las grandes firmas cosméticas no escatiman en recursos humanos ni económicos hasta conseguir formular esa crema con los ingredientes activos más efectivos y las tecnologías más innovadoras, además de garantizar la seguridad de ese producto.

El año pasado, una de las compañías de prestigio con más de treinta y dos marcas bajo su abrigo, invirtió en investigación y desarrollo casi ochocientos millones de euros. Este grupo, dispone de un equipo de más de tres mil ochocientos científicos que trabajan en veintitrés centros de investigación, diecisiete centros de evaluación y quinientos departamentos científicos y de validación. «Todo esto tiene un precio elevado.

Pueden pasar años, trabajar sobre miles de moléculas y obtener o no resultados efectivos», explica Carmen Esteban, directora técnica de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética). Afirma también que: «En algunos activos hemos necesitado hasta ocho o diez años de investigación y desarrollo. Eso cuesta mucho dinero y tiene que reflejarse en el precio de la crema que se beneficia de investigación puntera. La cosmética “low cost”, en cambio, no tiene una inversión significativa en investigación. Los que creen que los cosméticos son caros, deberían tenerlo presente.»

¡Pruebas superadas!

Cuando el producto está listo en el laboratorio se somete a innumerables pruebas clínicas realizados por laboratorios y dermatólogos independientes. Esto supone una importante inversión. Se evalúa la seguridad de los ingredientes, la concentración, la inocuidad del producto. Se realizan por lo tanto múltiples pruebas de eficacia con tecnología especialmente relevante de última generación que mide los resultados al milímetro. «Se pueden llegar a realizar de cien a doscientos ensayos.» 

Hacen tests con los métodos predictivos más modernos, como modelos matemáticos in silico (por ordenador) o in vitro (en los que la utilización de piel reconstruida desempeña un papel fundamental). También se hacen tests instrumentales con tecnologías como la resonancia magnética –para determinar cambios en la dermis y epidermis– o el análisis de imagen –para medir la eficacia antiarrugas–, así como tests cosmetoclínicos realizados por dermatólogos independientes. «Esto implica una inversión constante y elevada para conseguir los mejores productos, según las reglamentaciones vigentes.» Este largo recorrido de investigación y las exhaustivas pruebas de eficacia y seguridad son aspectos que el lujo cuida al máximo. 

Ingredientes muy exclusivos

Los activos que se utilizan en cosmética de prestigio marcan las distancias con las fórmulas de marca blanca. Lo que más encarece un producto es el desarrollo de la fórmula y el descubrimiento de nuevos activos. 

Vanilla planifolia.

Una conocida marca de perfumes se dedicó durante una década a estudiar casi ciento veinte variedades de vainilla de todo el mundo hasta que localizaron en Madagascar la Vainilla Planifolia. Esta variedad contiene una enzima única, dotada de unas propiedades extraordinarias de regeneración. Se necesitan sesenta mil frutos verdes y catorce mil flores frescas para obtener un kilo de Planifolia enriquecida. Hicieron falta años para encontrar el mejor modo de producción para la extracción de sus moléculas activas. 

Avances científicos

Junto a las investigaciones que realizan los laboratorios de las grandes firmas cosméticas, hay que sumar las colaboraciones que desarrollan con la comunidad científica. Trabajan codo con codo con las instituciones académicas más prestigiosas del mundo y con los centros de investigación más avanzados, cuyas aportaciones, en ocasiones, trascienden el ámbito de la cosmética. Estas colaboraciones científicas marcan la diferencia con los productos de marcas blancas.

Fórmulas top secret

Que un producto tenga una patente significa que la compañía ha invertido sus recursos en investigación, innovación y tecnología para lograr un ingrediente exclusivo. Además, el registro de la patente en sí, también tiene un costo apreciable. Este puede oscilar entre los setecientos euros a nivel nacional y treinta y cinco mil a escala europea. 

Una patente, lógicamente, encarece un producto pero además, es la mejor protección para la innovación y contra las falsificaciones. Un producto que incorpora una patente es el resultado de una investigación mucho más avanzada y puntera. 

Cosmética de calidad.

Etiquetas: lo que no dicen 

Los cosméticos están sujetos a la normativa europea que exige qué información debe estar impresa en la etiqueta del envase. Respecto a los ingredientes, debe figurar el nombre en orden de mayor a menor concentración y ya está. En la cosmética más barata la cantidad de activos es muy escasa y se componen básicamente, de agua y emulgentes. De esta manera su producción es mucho más económica. Tampoco consta en la etiqueta el porcentaje de cada ingrediente que lleva la fórmula, ni su grado de pureza. Que un producto lleve un ingrediente no es garantía ni de que esté en la concentración necesaria para ser efectivo, ni de su grado de calidad.

Quizá sea esta la razón en la que se escudan algunos cosméticos que en sus etiquetas figura que llevan caviar o perlas y se venden a cinco euros. Otros incluyen extracto de caviar puro o de perla micronizada, obtenidos por tecnologías exclusivas y cuyo precio, lógicamente, es más elevado. 

También hay que aclarar que en los ingredientes con los que se formulan los cosméticos existen diferentes rangos de calidades. Por lo tanto, los precios obviamente repercuten en el coste final del producto. Las cremas de lujo utilizan los más caros y las de marca blanca, lógicamente, los más baratos. Esto no se exige que figure en la etiqueta y es determinante para fijar el precio y eficacia de un cosmético.